Aprender en casa (o “¡Xavi! ¡Quiero hacer deberes!”)

Por qué

Me llamo Xavier Alà, soy el padre de tres niños (de 12, 9 y 5 años) y trabajo como profesor  de Instituto. No sé si es por ello, o a pesar de ello, o quizás por otras causas -posiblemente- que Puri, mi esposa, y yo decidimos, hace ya siete años, conjuntamente con Marcel, nuestro hijo mayor, desescolarizarlo tras una experiencia bastante conflictiva con el sistema educativo. Viéndolo todo con una cierta distancia, supongo que era inevitable que tomáramos el camino de lo que los norteamericanos llaman el «homeschooling».

En un proceso que dura toda la vida; fuimos asumiendo -y lo seguimos haciendo- que no queríamos delegar en otros aquellos aspectos de la vida que normalmente se entiende que son propios de «especialistas»: la gestión de los conflictos, la gestión de la propia salud, la alimentación, el nacimiento de los hijos, su cuidado y, claro está, su educación.

«Las escuelas fueron diseñadas para ser instrumentos de manejo científico de la masa. Las escuelas intentan producir (...) seres humanos programados cuya conducta sea predecible y controlable» (J. Gatto*)

Vaya por delante que en ningún caso pretendo imponer nuestras razones como las únicas que pueden impulsar a una familia a optar por esta alternativa. Solo quería esbozar muy sucintamente los motivos que fundamentaron nuestra elección. Tampoco somos los únicos que educan a sus hijos en casa. En España, un número creciente de familias lo hace; se calcula que algo más de 100. Si hablamos de los países anglosajones, hallaremos que más de millón y medio de chicos y chicas estadounidenses y más de diez mil británicos en edad escolar no asisten a ninguna escuela ni instituto porque sus padres han llegado a la conclusión de que en sus casas pueden lograr una buena educación o, por lo menos, tan buena como la que podrían recibir en el caso de que fuesen a un centro educativo, público o privado.

Bélgica, Dinamarca, Irlanda, Francia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Portugal, la mayor parte de Suiza, el Reino Unido y Austria reconocen el derecho de los padres a la educación en casa. En España, Grecia y los Países Bajos, las leyes son ambiguas y pueden dar lugar a interpretaciones diversas. Es legal en los Estados Unidos y el Canadá.

Como se puede observar, en buena parte de los países occidentales se acepta como algo  normal lo que en algunos sectores de nuestra sociedad se ve como anómalo o extraordinario.

Cómo

Nuestros dos hijos mayores están matriculados en un colegio estadounidense, Clonlara School, que fue pionero en la década de los 80 en la creación de un programa de educación a distancia.

Así pues, se puede decir que están «escolarizados»... de otra manera, quizás más acorde con los tiempos que vivimos y que viviremos, aunque evidentemente habrá quien no consiga entender del todo esta afirmación: un conocido profesor de Psicología de la Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona, Carlos Monereo, dice que la escuela actual tiene una estructura y unos contenidos del siglo XIX, un profesorado del siglo XX y un alumnado que mayoritariamente alcanzará el estado adulto en el siglo XXI... Un cóctel bastante heterogéneo, de sabor incierto.

«La vida social que las escuelas proporcionan suele ser bastante mala: no solo hay mucha competitividad, crueldad y esnobismo, sino que a los niños ni siquiera se les permite hablar unos con otros la mayor parte del día» (J. Holt)

En nuestro caso concreto, utilizamos todos aquellos recursos que tenemos a nuestro alcance, y que no son pocos: bibliotecas, museos, exposiciones, conciertos; parques, zonas deportivas públicas, el entorno natural (playa y montaña) y urbano (las poblaciones cercanas, Barcelona) inmediato; televisión, vídeo, radio, ordenador (Internet, programario educativo y de usuario); tenemos también muchos libros en casa y nosotros mismos -todos- tenemos habilidades e intereses complementarios -como en cualquier familia- que los demás podemos aprovechar. El leitmotiv es que cualquier entorno, situación, persona, lugar, etc., es una fuente de formación y enriquecimiento personal, valiosa por sí misma y útil en grado sumo.

Acerca de la tan traída y llevada “socialización”

Un par de anécdotas. La primera hace referencia a unos amigos nuestros de Reus, en Tarragona. Cuando llevaron por primera vez a su hijo al colegio, poco se esperaban que tuviera problemas de socialización... por el hecho de que, hasta ese momento, no tenían televisor en casa... Resulta que el niño, muy colaborador y sociable por otro lado, se hallaba aislado del resto de sus compañeros porque no podía comentar con ellos los programas que eran objeto de su interés.

«La Constitución Española dice: La enseñanza básica es obligatoria y gratuita. También afirma: Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones»

La segunda parece casi una tragedia. Un alumno que tengo en clase desde hace ya varios cursos se pasea como un alma en pena, solitario, por los pasillos del centro cuando los otros alumnos están en el patio o se han ido a dar un garbeo (hablamos de Bachillerato, y el chico en cuestión tiene casi 18 años, como los otros). ¿Por qué? Porque siente que hay algo más aparte de las tediosas clases, la ropa de moda, los garabatos de las agendas escolares y la rutina diaria, lo que no le impide ofrecerme artículos periodísticos de vez en cuando que ilustran a la perfección algunos de los temas que vamos desgranando en clase…

Podría añadir que, como tantas otras personas en la actualidad, el profesor de violín de mi hijo mayor se ha echado novia formal a través de un chat, o que estas reflexiones que escribo sobre soporte magnético verán la luz gracias a una lista de correo en Internet.

Dicho de otra manera, no se puede hablar de «socialización» ni en singular ni en abstracto, ni entender este dichoso concepto de forma absoluta e inmutable.

Lo que me parece claro es que la escuela hace ya mucho tiempo que ha dejado de ser, con carácter general, el referente obligado y único en este aspecto, así como el lugar hegemónico de encuentro de las personas cuando somos niños/as.

Algo distinto es que, en este caso, mis hijos, como cualquier otra persona, tengan la necesidad, en algunas ocasiones, de relacionarse con otras afines. Nosotros hemos resuelto esto, siempre a petición de los niños, con su participación en los boy-scouts locales, en una coral infantil, en un club de ajedrez y, desde hace tres años, en acampadas y colonias infantiles naturistas, organizadas por una sociedad vegetariana local de la que somos socios.

«Tenemos que crear un plan de estudios por el cual cada niño tenga la oportunidad de desarrollar su singularidad, su autoconfianza y su autoconocimiento» (J. Gatto)

Quiero acabar destacando el hecho del número de familias, tanto asiduas como ocasionales, que son o han sido usuarias de este servicio de voluntariado -unas treinta, de los más diferentes puntos de la geografía de Cataluña, e incluso de Andorra y de Aragón, y de Madrid-, y que, a pesar de tener sus hijos/as teóricamente cubierta su «socialización» a través de la escuela presencial, optan y/o han optado por esta alternativa.

¿O es que acaso el colegio ofrece una «socialización» poco satisfactoria para estos padres?

Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Por nuestra parte, estamos abiertos a ampliar la información a quienes se dirijan a nosotros.

Páginas web de interés

- www.clonlara.org

- www.choiceineducation.co.uk

- www.unschooling.com

- www.holtgws.com

- www.home-ed-magazine.com

Revistas de interés

- Growing Without Schooling, 2269 Mass. Ave, Cambridge. MA 02140 USA

- Home Education Magazine, PO Box 1083, Tonasket, WA 98855-1083 USA

- Aprender sin escuela, APRENDER EN CASA, Apdo. de correos 27, 08860 Castelldefels, Barcelona.

Bibliografía recomendada

Illich, I.: Educación sin escuelas. Ed. Península

Illich, I.: La sociedad desescolarizada. Barral Ediciones

Mendel, G.: La descolonización del niño. Ariel quincenal

Goodman, P.: La des-educación obligatoria. Ed. Fontanella

Nikitin, L. y B.: Educación no tradicional en la familia. Ed. Progreso

Holt, J.: El fracaso de la escuela. Alianza Editorial

Holt, J.: Cómo aprenden los niños pequeños y escolares. Ed. Paidós

Holt, J.: En vez de educación. Ed. Diana

Holt, J.: Libertad y algo más. Ed. Paidós

Reimer, E.: La escuela ha muerto. Ed. Akal

Nota: estos libros se pueden pedir a APRENDER EN CASA.

* Estas afirmaciones de J. Gatto forman parte del discurso que pronunció al ser nominado como “Maestro del Año”. Es maestro de 7º grado en una escuela de Manhattan.

APRENDER EN CASA

Apartado de Correos 27

08860-CASTELLDEFELS (Barcelona)

Tes./Fax: 93 638 15 35; xala@pie.xtec.es

Publicado en: Primera infancia

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