Isabel Fernández del Castillo: “Cambiar la maternidad por la producción de seres humanos nos pone en una deriva peligrosa e injusta”

Isabel Fernández del Castillo es difícil de definir, porque se ha dedicado a muy variadas cosas a lo largo de su vida. La conocí por ser la autora del importante libro “La Revolución del Nacimiento” (publicado originalmente en 1994 y que ha tenido diversas reediciones), y por sus sólidas publicaciones primero en una página llamada Holistika, y luego en su propio sitio personal y en Terra Mater, coordinando muchas publicaciones, encuentros y cursos. Su último reto profesional ha sido la creación del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal, junto a la psiquiatra Ibone Olza. Hoy tenemos el privilegio de entrevistarla para la Editorial OB STARE, que tiene en su catálogo la última actualización del libro, “La nueva revolución del nacimiento”

¿A qué llamas “la revolución del nacimiento”? Si siempre hemos nacido, ¿qué debemos saber que no sabemos sobre el nacimiento de los seres humanos?

El nacimiento es un acontecimiento trascendente a todos los niveles -físico, emocional, espiritual-  pero una medicalización excesiva lo ha esterilizado de todos esos aspectos y genera daños innecesarios y evitables. La r-evolución del nacimiento tiene que ver con la necesidad de cambiar la mirada, de reconocer y honrar la inteligencia del cuerpo (¡las mamíferas paren solas!), de reaprender a favorecer el proceso fisiológico, de insistir en la importancia del buen trato y el respeto a la dignidad y los derechos de las madres, bebés y familias. Todo eso redunda en una buena salud mental de madres y bebés y en un buen vínculo entre ambos.  Eso es bueno para toda la sociedad.

El nacimiento va luego acompañado de lo que llamas “la ecopsicología de la infancia”. ¿Qué estamos haciendo mal como sociedad cuando criamos a nuestros niños?

Los etólogos (estudian el comportamiento de las especies en su medio natural)  saben que, para que una especie prospere en libertad, se necesita un entorno, un hábitat y unas condiciones específicas. Sorprende que, como civilización, nos preguntemos tan poco cuáles son las condiciones idóneas para la crianza de la especie más inteligente desde un punto de vista ecosistémico. El desarrollo psicológico sano de los niños está ligado a la satisfacción de las necesidades fundamentales, especialmente en etapas tempranas de la vida. Y esto no lo tenemos en cuenta, o no lo suficiente en casi ningún ámbito: ni en el sistema de atención al parto ni en las políticas de apoyo a la familia ni en el diseño de las ciudades ni en los programas educativos… Ni siquiera el diseño actual de los parques infantiles responde plenamente a las necesidades de las niñas y niños. Como dice Vandana Shiva: “(…) la aplicación del paradigma de la ingeniería a la vida trae consigo un aumento de los problemas”.

¿Qué piensas de este movimiento que busca equiparar la maternidad a la paternidad y que lucha por implantar, por ejemplo, bajas iguales e intransferibles? ¿Qué es la maternidad y por qué es insustituible?

Los hombres siempre han tenido la oportunidad de implicarse en los cuidados familiares; nada se lo ha impedido. Además, una cosa son los cuidados y otra es lo que los anglosajones llaman “nurturing”, que podría traducirse por “nutrición afectiva”. Y ahí, para un bebé, mamá no es igual a papá, especialmente en las etapas tempranas de la vida. El bebé nace del cuerpo de su madre y espera estar pegado o muy cerca de ella durante los primeros meses y años, y esto es algo positivo y necesario para un desarrollo sano. Ecosistémicamente, el hábitat del recién nacido es el cuerpo de su madre, igual que en los primates. En ellos nos parece natural, pero en nosotros no.  

El hecho de ser una especie tan inteligente, ¿no nos libera en cierto modo de la naturaleza?

El hecho de ser una especie inteligente no solo no justifica devaluar el papel afectivo de la madre, sino que en la naturaleza vemos que, cuanto más inteligente es una especie, más intensa y prolongada es esa relación madre-criatura. Hay una relación directa entre la inteligencia de una especie y la necesidad de contacto físico entre madre y criatura; solo hay que extrapolar. La naturaleza, por su parte, prepara a las madres durante la gestación incluso modificando su cerebro para que esté a la altura de una tarea tan fundamental para el futuro de la especie. ¿Hay algo más importante que criar seres humanos física, emocional y mentalmente sanos? El papel del padre también es importante, pero participar más en la crianza no debería hacerse desplazando a la madre. Hay que sumar, no suplantar: hay muchas tareas que el padre puede hacer para apoyar una crianza saludable sin sustituir a la madre.

Hay un determinado feminismo que ha borrado la palabra “maternidad” de los cuidados de la infancia. ¿Qué piensas?

Es comprensible que la primera ola del feminismo, con la historia que traíamos dentro de este patriarcado, asociara la maternidad con la dependencia y la subordinación. Pero ya estamos en otro momento y hay que revisar los discursos. No solo el feminismo clásico, también los documentos oficiales están borrando a las madres. La ultima guía de la OMS (“El cuidado cariñoso y sensible para el desarrollo en la primera infancia”) ha eliminado la palabra “madre” y “maternal”, y en las infografías solo aparecen figuras masculinas. Increíble pero cierto. La realidad es que el discurso políticamente correcto de la “igualdad” ningunea la realidad psicobiológica de la maternidad y discrimina a las madres y también a los bebés, cuya naturaleza y necesidades son la última prioridad. Para mí esto es la última vuelta de tuerca del patriarcado.

¿Qué consecuencias puede tener la desaparición o difuminación de la figura de la madre?

Hay una psicología ligada a la biología, y no es algo que podamos cambiar a golpe de ideologías y discursos políticamente correctos pero biológicamente descaminados. No sin pagar un precio, y el precio lo están pagando las madres y los bebés y niños pequeños, y lo pagará la sociedad.  

Creo que las tesis iniciales de feminismo han sido aprovechadas y utilizadas para la apropiación por parte de lo que es intrínsecamente femenino y maternal por parte de ciertos colectivos.  Esto se manifiesta no solo en la lucha por los permisos iguales e intransferibles -siendo que los hombres no conciben, paren, lactan ni tienen un puerperios ni son la primera referencia afectiva de los bebés- también en las custodias compartidas en bebés y niños muy pequeños, o en el alquiler de vientres para prescindir de madre o para hacer negocio. No todo vale. Cambiar la maternidad por la producción de seres humanos nos pone en una deriva peligrosa, además de injusta.

Es que nos llevamos las manos a la cabeza, por ejemplo, con los vientres de alquiler, pero no nos damos cuenta de que desvalorizando los cuidados maternales primarios contribuimos a la desvalorización de la maternidad en su conjunto. ¿Qué riesgos corremos como especie cuando sustituimos todos los procesos de maternaje por “prótesis” artificiales?

Lo que nos hace “humanos” no es solo la mente racional, es nuestro cerebro emocional.  Todas las especies mamíferas compartimos un cerebro emocional (nuestro cerebro neuroendocrino) que es el puente entre el cerebro reptiliano (supervivencia) y el cerebro superior (neocortex). En los primeros años, lo que madura es especialmente el cerebro emocional, tejiendo el puente entre lo reptiliano y la mente superior. Y esta maduración ocurre en el seno de las relaciones afectivas, especialmente con la madre; esto es así en todas las especies mamíferas, nos guste o no. Cuando hay un estrés severo por necesidades no satisfechas y el bebé crece a la defensiva (estrés tóxico), esta unión entre los tres cerebros no se produce como debería, y no hay mayor estrés para un bebé o niño pequeño que la separación de la madre. ¿Las consecuencias a nivel global? Joseph Chilton Pearce  lo explica muy bien, cuando dice: “El control del neocórtex (cerebro superior) por los cerebros inferiores es involutivo, pero no puede evitarse si el entorno se vuelve peligroso y amenazante. Cuando lo más primario es incorporado al servicio de lo superior, se transforma la naturaleza de lo primario en superior. En nuestros niños, esto no está pasando. Lo primario puede también incorporar aspectos de lo superior, y no hay nada más peligroso que un brillante reptil». 

Has fundado junto a la psiquiatra Ibone Olza el Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal, único también de su tipo en España. ¿Cuál es la misión de este Instituto, qué hitos están consiguiendo?

La misión es doble. Por una parte, la formación a profesionales en salud mental perinatal (“perinatal” es el periodo que va de la gestación a la primera infancia), con una visión ecosistémica y pluridisciplinar. El objetivo es incluir la perspectiva perinatal en cualquier asistencia profesional a las madres, bebés y familias, poniendo el énfasis en los cuidados, la prevención, la satisfacción de las necesidades primales y la atención profesional adecuada a las familias que lo necesitan. Actualmente las madres con problemas de salud mental en el embarazo y puerperio reciben poca o ninguna ayuda, y es un sufrimiento con efectos transgeneracionales. Por otra, a través de nuestro blog ponemos al alcance de toda persona interesada información veraz y científicamente fundamentada sobre estos temas, con el fin de contribuir a favorecer la aplicación práctica de estos conocimientos, de tener más criterio a la hora de tomar decisiones sobre crianza o validar las propias intuiciones.

Si tuvieras que lanzar un grito, un mensaje en altavoz para que todo el mundo lo escuchara, ¿qué dirías?


Hay muchos temas que me preocupan, especialmente relacionados con el mundo del nacimiento, la infancia y el medioambiente. En los tres ámbitos se está dando hace décadas un proceso de industrialización, de inhibición y de suplantación de procesos fisiológicos y naturales inteligentes y perfectos por una tecnología intrusiva y mal utilizada, generando enormes daños. En el mundo de la infancia, por ejemplo, la tecnología excesiva y demasiado temprana está sustituyendo el vínculo, la mirada, el juego, el movimiento, la capacidad para observar, la relación con los otros, el desarrollo de la imaginación, la experiencia sensorial, el contacto con la naturaleza, al aprendizaje autónomo… En suma: la vida. Luego vienen los problemas, pero como sociedad no alcanzamos a ver la relación causa-efecto. Este mundo capitalista está organizado para vendernos cosas; la única solución es poner consciencia: no necesitamos tener todo lo que alguien fabrica. Podemos elegir.

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