Isabel Fernández del Castillo

Tras estudiar Derecho, cambia de rumbo y se decanta por las medicinas complementarias. Esa formación y práctica y la visión de la salud desde una perspectiva eco-sistémica fue determinante a la hora de ver el parto como un proceso natural inteligente y autorregulado, y de escribir en 1994 la primera versión de La Revolución del Nacimiento (Edaf, 1994). En 2003 participa en la constitución de la Asociación El Parto Es Nuestro, y en 2006 publica la segunda edición revisada de su libro. Ha formado parte del grupo elaborador de la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal (Ministerio de Sanidad, 2010). Actualmente colabora con la Revista Tu Bebé y organiza actividades de formación sobre Salud, Maternidad, Infancia y Medioambiente con una perspectiva eco-sistémica y de promoción de salud a través de Terra Mater.

Isabel Fernández del Castillo

La nueva revolución del...
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<p>Ya no hay excusas. La ciencia está demostrando con una evidencia abrumadora que favorecer el proceso espontáneo del parto y el posparto supone una inversión a largo plazo en salud física, emocional, mental y social de las madres y sus criaturas. Los estudios demuestran que cada intervención no necesaria conduce a nuevas intervenciones, que estas incrementan el riesgo para la salud de madre y bebé y que pueden generar secuelas físicas y emocionales a largo plazo, condicionar el éxito de la lactancia materna y debilitar el vínculo afectivo entre ellos. La crudeza de las rutinas hospitalarias, su innecesariedad en la mayoría de los casos, la arbitrariedad con la que se decide aplicarlas y el hecho de que a menudo se imponen de forma expeditiva hacen de la atención medicalizada al parto un ámbito de represión y violencia contra la mujer y el bebé normalizada y asumida. El pretexto, siempre, ha sido la seguridad. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que la seguridad del parto normal no depende del uso de tecnologías sofisticadas que someten a la mujer, inhiben el parto y sustituyen su fisiología, sino del respeto a las condiciones que favorecen su progreso espontáneo: intimidad, entorno adecuado, libertad de movimientos y de expresión, sentirse segura y, sobre todo, una tecnología punta llamada respeto. No en todos los países se medicaliza la asistencia: no por casualidad los sistemas de atención al parto más modernos y respetuosos corresponden a los países más avanzados en materia de derechos de la mujer y de los ciudadanos. Y los países con tasas más bajas de intervenciones son también aquellos que presentan los mejores resultados perinatales del mundo, en todos los aspectos. Pero no nos engañemos: la evidencia científica produce pocos cambios allí donde la mentalidad no cambia. Por ello, el primer paso es la toma de conciencia de todas las partes implicadas sobre la importancia y la trascendencia de lo que sucede en esa etapa crucial de la vida.</p>
Ebook · La nueva revolución...

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<p>Ya no hay excusas. La ciencia está demostrando con una evidencia abrumadora que favorecer el proceso espontáneo del parto y el posparto supone una inversión a largo plazo en salud física, emocional, mental y social de las madres y sus criaturas. Los estudios demuestran que cada intervención no necesaria conduce a nuevas intervenciones, que estas incrementan el riesgo para la salud de madre y bebé y que pueden generar secuelas físicas y emocionales a largo plazo, condicionar el éxito de la lactancia materna y debilitar el vínculo afectivo entre ellos. La crudeza de las rutinas hospitalarias, su innecesariedad en la mayoría de los casos, la arbitrariedad con la que se decide aplicarlas y el hecho de que a menudo se imponen de forma expeditiva hacen de la atención medicalizada al parto un ámbito de represión y violencia contra la mujer y el bebé normalizada y asumida. El pretexto, siempre, ha sido la seguridad. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que la seguridad del parto normal no depende del uso de tecnologías sofisticadas que someten a la mujer, inhiben el parto y sustituyen su fisiología, sino del respeto a las condiciones que favorecen su progreso espontáneo: intimidad, entorno adecuado, libertad de movimientos y de expresión, sentirse segura y, sobre todo, una tecnología punta llamada respeto. No en todos los países se medicaliza la asistencia: no por casualidad los sistemas de atención al parto más modernos y respetuosos corresponden a los países más avanzados en materia de derechos de la mujer y de los ciudadanos. Y los países con tasas más bajas de intervenciones son también aquellos que presentan los mejores resultados perinatales del mundo, en todos los aspectos. Pero no nos engañemos: la evidencia científica produce pocos cambios allí donde la mentalidad no cambia. Por ello, el primer paso es la toma de conciencia de todas las partes implicadas sobre la importancia y la trascendencia de lo que sucede en esa etapa crucial de la vida.</p>